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Los usuarios silenciosos

Las personas con problemas de drogas no hacen ruido. No van a manifestaciones ni ponen reclamaciones. Es habitual que hayan perdido el vínculo con la familia, los amigos y la sociedad. Una sociedad que les mira con extrañeza y con miedo, porque no se identifica con su problemática, no la entiende y le resulta incómoda. Como dice Eva Mª Gómez de Ávila, responsable del área de Recursos Residenciales de Progestión, “en muchos casos no tienen a nadie, solo cuentan con los agentes sociales”. Se refiere a los profesionales que, como ella, les acompañan en su proceso de deshabituación y reinserción.

joaquin guitarra

Por eso, resulta muy llamativo el testimonio de Joaquín, usuario de 50 años que se encuentra en la última fase de su rehabilitación, cuando dice cosas como que “últimamente los profesionales están súper desconectados, más preocupados por conservar su puesto de trabajo que por la persona que está a su lado. Y entonces llega un momento en el que te sientes solo”. No obstante, enseguida matiza: “También me he encontrado con profesionales como los de Progestión, que tienen un corazón excepcional, que quieren ayudarte y que te acompañan en todo el proceso».

A Eva no le extraña el comentario. Reconoce que el sector ha sido gravemente tocado por la crisis, muchas entidades sociales han tenido que cerrar por falta de subvenciones y contratos públicos y, en las que han sobrevivido, hay mucha inestabilidad laboral. Pone el ejemplo de un centro en el que “en un periodo de seis meses van por el tercer psicólogo”.

En la fotografía, Joaquín en el piso de autogestión. 

Atajos que no llegan al destino deseado

No es la única consecuencia de los recortes. Joaquín también se queja de que en la Comunidad de Madrid se han eliminado los recursos para atender la fase intermedia del proceso de rehabilitación. Es decir, la que hay entre el hospital (o piso) en el que ingresan por primera vez para desintoxicarse (con un control muy estricto en el que pasan el síndrome de abstinencia) y el piso en el que conviven con otros usuarios de manera autónoma, que es la última etapa antes de volver a vivir por su cuenta.

“He visto soltar de manera imprudente a una persona que debería estar tutelada y vigilada, tanto a nivel médico como emocional, a un recurso de mínima exigencia como en el que estoy yo, y he visto cómo ha ido recayendo día tras día, hasta ahora, que está tirada en un poblado”. Joaquín habla con conocimiento de causa. Hace 30 años pisó el primer CAID (centro de atención integral a drogodependientes) por su adicción a diferentes drogas, y durante este tiempo ha tenido que volver en diferentes ocasiones, ya que ha sufrido varias recaídas.

equipoEva también puede confirmar este hecho porque en Progestión lo han vivido en primera persona. Antes tenían varios pisos dedicados a esa fase intermedia del proceso, a los que llegaban los usuarios tras haber superado la desintoxicación. En ellos convivían unas 6-8 personas con el acompañamiento de educadores las 24 horas del día. Allí les enseñaban a recuperar las riendas de su vida: a gestionar el dinero, cuidar la alimentación y la higiene, resolver los conflictos de la convivencia, etc. En definitiva, les ayudaban a recuperar su autonomía.

En la imagen, el equipo de Recursos Residenciales de Progestión: Eva, Gloria y Elvira. 

“Antes la reinserción era más fácil”, confirma Joaquín. “Ahora sólo sale el que tiene clarísimo que quiere salir de las drogas, pero como estés dubitativo… no encuentras los pilares para salir. Yo, después de 30 años que llevo cometiendo errores y aprendiendo de esos errores, este piso me ha venido bien, pero si sales de la calle, de la Barranquilla o de una vida muy marginal no puedes desintoxicarte e ir a un piso como el que estoy yo, porque el 100% va a recaer”.

Soledad y aislamiento

Efectivamente, el éxito en la rehabilitación ya es extremadamente difícil incluso cuando se dan las mejores condiciones, asegura Eva. “La soledad y el aislamiento es la gran dificultad a la que se enfrentan estas personas cuando finalizan los tratamientos y esto, junto a otras variables, hace que al cabo de meses o incluso años sus vidas se vean de nuevo desestructuradas”. Por eso, la rehabilitación completa y mantenida a lo largo del tiempo es tan difícil.

Y si el éxito en la rehabilitación es tan escaso, ¿merece la pena seguir manteniendo estos recursos para estas personas? La respuesta de Eva es inmediata y contundente: “¡Sí, por supuesto! Lo que estas personas ganan en seis meses en salud, en autoestima, en percibir que merece la pena seguir viviendo, en que pueden aportar mucho a nuestra sociedad… sin estos servicios no tendrían una segunda oportunidad».

Cocaína, más jóvenes y con más dinero

Como se ve, no es un asunto de fácil resolución y no ayuda la imagen estigmatizada que aún tienen estas personas en la sociedad. Eso, a pesar de que el perfil ha cambiado mucho en los últimos años, como dice Eva. Ahora los usuarios que llegan a Progestión “son más jóvenes, tienen un mayor nivel económico” y su principal adicción es a la cocaína y al alcohol. Sin embargo, asegura, la rehabilitación “es más difícil que antes”, porque “vienen obligados por la familia o para no perder un trabajo, pero no porque realmente sean conscientes de que tienen un problema, y muchos han pasado antes por clínicas privadas” hasta que sus familiares se han cansado o se han arruinado.

Más información sobre el piso autogestionado de Progestión para personas drogodependientes.

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